sábado, diciembre 29, 2007

tal cual...


A mi este año Papá Noel no me regaló nada... así que me autoregalé:
Varios libros, una caja de colores, un cuaderno nuevo, algunas lapiceras, otro libro de yapa, una hamaca paraguaya nueva y una botella de vodka.
si, si... se vienen las vacaciones.

lunes, diciembre 24, 2007

Navidad

Lucas 2
Nacimiento de Jesús 1 Por aquellos días Augusto *César decretó que se levantara un censo en todo el imperio romano.[a]2 (Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria.)3 Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. 4 También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad de David,5 para inscribirse junto con María su esposa.[b] Ella se encontraba encinta6 y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo.7 Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.
Los pastores y los ángeles 8 En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños.9 Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor.10 Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas *noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo.11 Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es *Cristo el Señor.12 Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13 De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
14 «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.»[c] 15 Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.» 16 Así que fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre.17 Cuando vieron al niño, contaron lo que les habían dicho acerca de él,18 y cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían.19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas.20 Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho.

jueves, diciembre 20, 2007

semillas del corazón

Poco tiene que ver el árbol de navidad con la navidad. Un componente más del sincretismo que caracteriza estas -y otras- fiestas.

Pero no voy a escribir sobre esto.

Sí de árboles.

Más o menos se sabe de la importancia que tuvieron -y tienen- los árboles en el folklore de, me animo a decir, todas las culturas.

- ¿Y los esquimales?

Ah… ni idea. Pero bué… en casi todas las culturas.

Pero tampoco voy a escribir sobre ellos. Sólo voy a recomendar que si tienen tiempo, investiguen el tema que es bien interesante.

- ¿Entonces? De qué vas a escribir.

De MIS árboles. Los árboles de mi vida.

Mis primeros años los pasé en una quinta, en la zona suburbana de Montevideo. En un área de quintas frutales, nosotros teníamos naranjos.

Entre ellos solía jugar. Un invierno, recuerdo, caminaba entre los árboles y una rama se enganchó en la espalda de mi buzo de lana. Seguí caminando y al desengancharse me chicoteó en la cabeza. No le di mayor importancia.

No así mi madre que casi se muere del susto cuando ve mi espalda bañada en sangre ya que la aventura me había dejado un considerable tajo. Tajo que devino en cicatriz que de vez en cuando encuentro entre la melena.

También contaban mis abuelos que cuando tenía tres años, después de un buen rato de búsqueda -pues había desaparecido- me encontraron descalza, despeinada, moquienta, con una naranja en una mano y la mamadera en la otra, durmiendo debajo de un naranjo.

Otro árbol que recuerdo de esa quinta, era el ciruelo. Lo mencioné en el los comentarios de la entrada anterior. Era precioso. Con ramas bajas ideales para treparse.

Porque vale aclarar: el principal atractivo de un árbol era su grado de “trepabilidad”.

El ciruelo, además, cuando llegaba la época, estaba cuajado de preciosas ciruelas bordó. Claro, era verano y no es nada, pero nada bueno, comer ciruelas calientes. ¡Pero nada bueno!

Ahí aprendí una valiosísima lección.

Otro de mis árboles favoritos de la quinta era el guayabo. Ah… ideal. Con ramas bajas y retorcidas, algunas formando cómodos asientos en donde me encaramaba a comer guayabas. Primero la recolección, después, con la fruta en el regazo y armada con un cuchillo y una cucharita, disfrutaba de esta fruta tan particular.

Salvo por los bichos peludos negros, era mi árbol favorito.

Hace poco compré algunas guayabas en la feria. Y no me quedan dudas, las frutas eran más sabrosas cuando era chica.

Lo mismo me pasó con el árbol de lima-limón. Árbol taimado. Pues era un híbrido y a mi corta edad la forma de diferenciar una lima de un limón era probando.

Será que el limón era tan ácido que la lima parecía dulce. Hace poco me entusiasmé cuando conseguí algunas y me parecieron poco sabrosas. Lo mismo que con la granda… ¿Qué corno me gustaba de la granada? Fruta ingrata. Sólo la paciencia y el tiempo que uno tiene de niño, hacía viable que comiera esa fruta.

Bien, no todos los frutales eran de mi agrado… nunca me animé con el caqui. Las frutas las usábamos como proyectiles en nuestras improvisadas guerras. Son ideales para imaginarse granadas.

Granadas que tirábamos desde la casa en el ombú, otro árbol lindo para trepar.

(Ahora que pienso: qué manera de comer cualquier cosa, che. Porque además teníamos nísperos, quinotos, pitanga, higos y mburucuyá.)

Antes de abandonar esa casa, me voy a detener en el cedrón. Que no es un árbol, pero que parecía, porque para mí, chiquita, era grande. El té de cedrón era el preferido de mi abuela que después de comer me mandaba buscar unas hojas para hacer el té. El aroma del cedrón supo enamorarme.

Ya viviendo en Brazo Oriental, la casa tenía en el frente uno de los pocos ejemplares de cedro del Líbano que había en Montevideo. Y digo había porque un buen día decidieron cortarlo. Lloré como con la pérdida de una mascota. No me resignaba a que tiraran ese árbol enorme, con sus ramas amigables que se dejaban trepar. Una era particularmente gentil, fuerte y flexible que nos permitía elaborar arriesgadas piruetas.

Pero no hubo más remedio. Las raíces estaban destruyendo los cimientos. Así que lo trozaron, pobre. Yo me quedé con una rama y la guardé dentro de una botellita. Al día de hoy es casi una reliquia, pues todavía mantiene sus agujas intactas.

¿Pero plantaste alguno?

Si, un limonero. Existe pero en una casa que no es mía ahora. Sé de buena fuente que aún está y crece fuerte y sano.

De una forma u otra, todos ellos echaron raíces profundas en mis más queridos recuerdos.

(ADVERTENCIA: estoy escribiendo en modalidad apática. No estoy de ánimo para un estilo más preciosista)

jueves, diciembre 13, 2007

En resumen: me quiero hacer unos delantales para usar en la cocina.

Para "personalizarlo" entré a buscar en la red y encontré una frase que me hizo gracia:

“No es por presumir, pero a mí me encantan las aceitunas.”

No tengo idea de dónde viene, pero me gustó.

De alguna forma me recordó a la de Cortázar: “hermano, con las oportunidades que había en la fruticultura”

Yo que sé. Se aceptan ideas de frases o imágenes…

...

tengo más para decir de esta vida, pero ahora no tengo ganas ni tiempo...

viernes, diciembre 07, 2007

viva el latín!


¡Está bien que sea una lengua muerta... pero tampoco este crimen!


visto en el pasquín de Macondo Grande