jueves, marzo 27, 2008

sabelo

Sí, a veces me pasa: Hay cosas que no sé.

Y no sé por qué te sorprende tanto.

Además, si te pregunto, es porque considero que sabés más del tema que yo.

Así que sabelo, de algunas cosas no sé.

martes, marzo 25, 2008

Lunes

No empezó bien, y no se puede esperar nada más de un lunes.

El reencuentro con compañeros (compañeros?) de trabajo (uno), que más valdría no verlos por una laaaaarga temporada.

Me convocaron para dar clases en un nuevo lugar. Justo la noche anterior un amigo me dijo que no tenía que trabajar tanto. Pero igual dije que sí, me gusta enseñar. Pero creo que me estoy volviendo adicta al trabajo. Bah, adicta a los proyectos nuevos, porque al rato me aburro. Lo bueno de dar clases es que es por algunos meses, nomás. Mi aburrimiento puede tolerar eso perfectamente.

Reunión de trabajo (tres) extraordinariamente positiva y productiva. Todos llegamos en la hora y el día correcto, nos pusimos de acuerdo pronto y en una hora tocamos todos los temas y quedó casi todo listo para arrancar el lunes próximo. Maravilla!

Bajo a la calle a esperar que me pasen a buscar, un muchacho de no más de 18 años, pasa y me mira, sigue, para, vuelve y me dice: “disculpe, pero tengo que decirle que es ud. muy hermosa” (sic) sí, me dijo de usted, eso también me hizo sonreír y contestarle “y vos sos muy amable”. Supongo que detectó incredulidad en mi voz y replicó: “se lo digo de verdad, es muy hermosa”. Le dije gracias y siguió su camino el buen samaritano de los piropos.

Al fin, me van a buscar, paso por Tres Cruces, levanto el pasaje sin problemas, me hacen un descuento… Epa… este lunes repuntó.

Llego a casa. Mi madre me espera con varias malas noticias: La muerte del hijo adolescente de una prima de mi madre y mi tía con serios problemas de salud.

No puedo sacarme esta familia de la mente. Me emocionaron mis padres, que se quedaron hasta tarde y me llevaron a la Terminal, cuando de ordinario se acuestan y yo me voy en taxi.

Y nada, yo no sé si puedo escribir sobre tanto dolor.

jueves, marzo 20, 2008

otoño!



Ahhh me gusta el otoño. De antemano disfruto ese solcito de las 4 de la tarde (que me agarra trabajando) pero algún domingo me encontrará en casa, comeré algunas mandarinas (sí señores, man-da-ri-nas) y manzanas (aprovéchenlas ahora que están como deben: crujientes, dulces y jugosas) leeré alguna cosa, empezaré con las labores de crochet y de ser posible tirada en la alfombra. Siempre al sol.


Qué cosa linda el otoño.

De nuevo a la captura de hojas rojas y toda la gama de amarillos. Pisar las hojas de los plátanos en las veredas!!!! En mi mente, que no es muy original, el otoño es amarillo y cálido. Una estación que me gusta ver llegar, imperceptible, con los cambios en el paisaje.

Diferente piensa la vecina que reniega con tanta hoja y su obsesión por la vereda barridita. Y qué manía con la fogata... como precoces remedos de una noche de san Juan.

No diré que es mi estación favorita, todas tienen sus cualidades y las aprecio, pero ahora es tiempo de saludar al otoño. Me pregunto qué se le ofrendará como bienvenida.

Pero, por otra parte, y pensando en los amigos que están en el otro hemisferio: Feliz primavera, estimados, disfruten la estadía de Perséfone con uds.

Dibujitos de Liniers, el primero para el otoño y el segundo, claro, para la primevera.

miércoles, marzo 19, 2008

Detonada

Atención, esta crónica contiene spoilers sobre las mujeres y puede herir la sensibilidad del público masculino.

Yo avisé.



El spm y yo: cómo detonar en un ratito.


Señoras y señores, sobre todo señores. Sepan que la menstruación implica más que un proceso fisiológico. Una puede pasar por estados de hipersensibilidad que hace posible que de una profunda melancolía, se pueda pasar -en cuestión de segundos- a una ira fulminante,

Spm, más que síndrome premenstrual debería significar Sensible Peleadora y Malvada o Sálvense Mientras Puedan (sí, ya sé, es al revés, pero qué bien queda)

A pesar de tener cierto caractercito soy de una naturaleza bastante pacífica, no me gustan las discusiones violentas y menos presenciarlas. Pero, Llegado el caso de estar en medio de mi spm a alguien se le ocurre maltratarme, no se irá sin su cuota de agravios.

Todo lo cual desencadena en un posterior llanto donde se mezcla la furia con cierta angustia.

Es un realzador de emociones negativas... cualquier simpleza puede derivar en un enojo de proporciones mayúsculas. Recuerdo mi indignación por una ensalada de lechuga mal escurrida. Pobre madre, pero ella entendía. De la puerta de mis cabales cuelga un cartelito que dice: vuelvo en tres días, que es más o menos lo que me dura este insano estado.

¿Se puede hacer algo para evitarlo? No, no se puede, lo que si se puede es controlarse. Marcarse en el calendario los días previos con franjas amarillas y negras que digan "DANGER". Avisarle a los demás que traten de no llevarnos la contraria si no es necesario. Que si nos ven llorando no nos pregunten que te pasa o que pasó, porque seguramente la respuesta sea nada. Cualquier película nos hará emocionar, aunque sea una de Steven Segal. Cualquier comentario será rigurosamente malinterpretado y el más leve cambio de tono será tomado como una ofensa.

¿A que viene todo esto? A que acabo de pelearme con tres taxistas. Mala mezcla: unos tipos bastante maleducados y yo en pleno spm. Claro, recién ahora, un poco mas en frío, cuando me puse a pensar por qué reaccioné con tanta virulencia, me di cuenta de la fecha... de todas formas, eran unos maleducados y se merecían los estoques de mi cáustica lengua.

No estoy dispuesta a que me maltraten. Pondré la otra mejilla, pero antes abofetearé las tuyas en un pif paf.

Lo malo de pelearte con alguien en macondo es que después todos se enteran. De todas formas, nadie les va a creer que yo, siempre tan simpática y adorable, pueda actuar de esa forma tan fiera.

¿Esto estará resultando muy revelador? pues, a qué fingir. Mejor que sepan a que atenerse, tal vez algún desprevenido al leer estas líneas exclame un "ahhhh" de comprensión.

Evidentemente en la maldición del edén para la mujer, en letras pequeñas estaba escrito que además del sufrimiento por el parto, -aquello de que con dolor darás los hijos a luz-, la Divinidad se aseguró que el proceso de cada óvulo esté acompañado de su correspondiente complicación.

O mejor, ahora pienso que el castigo al hombre por haberle hecho caso a la mujer que le hizo caso a las serpiente, es tener que soportar los arranques de todo tipo que preceden cada "costumbre de las mujeres" por usar un término bíblico.

Mujeres, no se ofendan si cuando una tiene uno de estos arranques alguno le pregunta, con malicia o perplejidad, si está en su spm.

Si lo están, es una forma de prevenirles a los demás para que nos dejen en paz y nos traten como una carga de TNT de alta detonabilidad. En cambio si te dicen eso y no estás pasando por tan complejo período, es que, amiga, estás un poco loca, haga terapia o trabaje en su carácter. (Empiece por rever al tipo que tiene al lado –o su suegra- puede ser la causa de su humor agriado)

En fin, ahora que sé, tendré que controlarme un poco más haciendo uso de mi reserva de paciencia y buen humor, no sea cosa que los noticieros digan de mi "es altamente peligrosa y va portando su spm".

Dejo por aquí esta crónica de sangre. Espero se me pase pronto...






¿Que no les gustó? ¿Que qué horrible lo que escribí? yo les avisé más arriba, caramba!






Acotación de último momento: El estado de enamoramiento puede mitigar en parte los efectos del SPM dándole al caballero la sensación de que su chica es muy dulce y no loca como las demás. Ojo. Mantenga a la dama enamorada todo el tiempo que pueda, pues en cualquier momento puede Detonar.

Están advertidos.

viernes, marzo 14, 2008

Elucubraciones mías...

Empecé a leer Madame Bovary.

(Como se me hace imposible abordar Fausto en los viajes, decidí dejarlo en casa para leerlo más tranquila. Busqué otro libro, de mientras, en la mini biblioteca que tengo en macondo chico y vi, precisamente a Doña Bovary, libro que había comprado en Tres Cruces ya que el ejemplar anterior se estropeó porque lo dejé en el fondo de casa y lo agarró la lluvia, más o menos hace 13 años, la primera vez que lo leí)

En resumidas cuentas, empecé a releer Madame Bovary.

A medida que voy avanzando en la historia, corroboro lo que hace tiempo venía pensando: es necesario volver sobre algunos libros leídos en la adolescencia.

Definitivamente, Emma no es la misma a estos 28 que a los 15.

Pero no voy a hablar de ella ahora, voy a esperar a terminar el libro.

A raíz de esta idea, pensé en qué tendría que volver a leer y se acumularon varios títulos… sumados a los que quiero leer y la cosa va para largo.

En eso cavilaba cuando recordé a Graciela Cabal y su teoría sobre los lectores. Justamente ese libro lo tengo por acá: se llama “La emoción más antigua” y dice en su primer capítulo:

Alrededor de los libros:

Dicen que los coleccionistas suelen ser personas de larga vida. Parece que a ellos nunca les llegara la hora de morirse. Mejor dicho, sí, les llega, igual que a todos el mundo, pero los coleccionistas se resisten a morir. Y no se mueren. ¿Y eso por qué? Porque a su colección – más bien a sus colecciones- siempre les anda faltando algo…
Caso parecido, creo yo, es el de los lectores. Hablo de los lectores adictos, de los que leen lápiz en mano, como le gusta a Steiner, dialogando con el autor; de los que jamás salen si un libro en la mano, por cualquier cosa; de los que compran libros que, intuyen, nunca van a llegar a leer; de los que están deseando llegar a casa para arrebujarse dentro del libro que están leyendo; de los que repasan la historia de su propia vida a través de las marcas que fueron dejando en sus libros; de los que acarician los libros y los olfatean y duermen con ellos debajo de la almohada; de los que abren un libro por azar para encontrar la respuesta a alguna pregunta, el consuelo a algún dolor; de los que retrasan la lectura de las últimas páginas para alargar el placer, de los que cuando terminan un bello libro se preguntan: “Y ahora, qué va a ser de mí?”

Mi papá era un lector de esos.”Todavía no me puedo morir –decía, disculpándose-: tengo que terminar El otoño del patriarca…”. Y no se moría. Porque antes de terminar ese libro empezaba otros. Y entonces era cosa de nunca acabar. Una estrategia, como cualquier otra. Es que para los lectores así la muerte es un verdadero escándalo. Con todo lo que hay para leer…

Quería decir que es cierto: leer alarga la vida. Y eso no sólo referido a la posibilidad de vivir vidas ajenas, de agregar un cuarto a la casa de la vida, como decía Bioy Casares, de hacer cosas que jamás haríamos en la existencia común y corriente –subir a las estrellas, bajar al fondo del mar, desenterrar tesoros en islas desiertas-, no. Hablo de vivir más tiempo, literalmente hablando.
Claro que, finalmente, los lectores adictos también se muren. Pero lo hacen tan a su pesar, tan aterrándose con uñas y dientes a la poquita vida que les va quedando…

(Catedral de Santander, sepulcro de don Marcelino Menéndez y Pelayo, una de las estatuas funerarias más bellas de España. De larga barba y hábito de monje, don Marcelino duerme el sueño final. Y su cabeza se apoya en una almohada de libros. En los libros, una leyenda grabada: “¡Qué lástima morir cuando me queda tanto por leer!”)


A veces la resistencia del lector a morir es intolerable hasta para la misma Muerte, quien, condolida, se inclina para susurrar en los oídos del moribundo: “no temas, no desesperes, que el cielo debe de ser una lectura continua e inagotable…” según decía Virginia Wolf, una escritora que ella, la Muerte, conoce muy bien. Otras veces la Muerte hace como que se confunde, como que se distrae, y mira para otro lado… Y el que muere s uno que no tenía nada que ver, pero que andaba por el mundo sin un libro en la mano que lo protegiera de todo mal…”

El libro sigue y es recomendable, tanto como su autora. (Que se murió hace un par de años, así que su teoría muy linda, pero nada cierta, les diré.)

Pero eso no importa.

Precisamente, hay que elegir bien qué leer y no hacerlo a tontas y a locas. Yo tengo debilidad por los escritores… sobre todo si llevan un par de siglos muertos y sus libros se consideran clásicos.

Pero, en estos días pensaba que tampoco me puedo pasar para el otro lado. Ejemplos sobran, sin ir más lejos en esta blogsfera, de autores contemporáneos que valen tanto como algunos clásicos.

El problema de fondo -el poco tiempo y el tanto para leer- no tiene solución.

Y voy a ir terminando este post con la palabra que no me salía y define muy bien todo esto:

Elucubración